20 años sin la princesa del pueblo: Diana de Gales

Veinte años han transcurrido desde que Lady Di falleciera en un fatídico accidente de tráfico. El túnel de Alma de París, el 31 de agosto de 1997, se convirtió en el centro de peregrinaje espontáneo para fotógrafos y medios.Los datos de la investigación descartaron finalmente la hipótesis, barajada inicialmente, de que fueron los movimientos de las motos de los paparazzi los que provocaron la arriesgada maniobra del conductor y el choque final.

Cosa diferente es la actitud de algunos de estos fotógrafos que, según los testimonios de los testigos y la evidencia de las imágenes del accidente, continuaron disparando sus cámaras sobre los cuerpos moribundos de las víctimas al llegar al lugar del accidente, instantes después de que se produjese la tragedia.

Siete de ellos fueron detenidos.Se revitalizó así el eterno debate sobre el enfrentamiento entre el derecho a la intimidad y el derecho a la información. Desde el punto de vista legal, esta polémica arrancó en 1890, cuando dos abogados de Boston expusieron, en un novedoso artículo, The Right to Privacy, la primera formulación moderna del derecho a la intimidad.»Chismes insustanciales»Los letrados Warrem y Brandeis escribieron entonces que «la prensa está traspasando, en todos los ámbitos, los límites de la propiedad y de la decencia.

El chismorreo ha dejado de ser ocupación de gente ociosa y depravada para convertirse en una mercancía, buscada con ahínco e, incluso, con descaro… Con el fin de entretener al indolente, columna tras columna se llenan de chismes insustanciales, obtenidos, únicamente, mediante la intromisión en el ámbito privado».Han transcurrido 127 años desde este planteamiento, y dos décadas de la muerte de la princesa, la sociedad de la información ha cambiado en todo este tiempo, pero el problema continúa, amplificado en los últimos años con la irrupción de las redes sociales.

En aquella época se disparaba película, todos llevábamos todas las cámaras que teníamos. Disparaba una, ponía a rebobinar las películas, terminaba con la otra, en un momento te quedabas sin película, y escuchabas los disparos y las cámaras rebobinando, aquello era como una sinfonía».

Ella explotó siempre su poder mediático, ésa es mi percepción del trabajo, siempre sabía que tenía alguien detrás, nunca la ibas a encontrar fuera de juego, siempre estaba con su mejor sonrisa, mirando a todas las cámaras, en ese sentido era una auténtica profesional, tenía una gran simbiosis con todos.

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